El objetivo de esta breve columna es reflexionar respecto del uso y el alcance que tiene Internet para nuestros fines como medios de comunicación y debate, sobre todo en una zona del mundo en donde la injusticia reina.
No quiero con estas palabras quitar mérito al avance tecnológico que significa la red de Internet u otros proyectos similares (red Mesh, por ejemplo), los cuales nos han permitido a los medios de comunicación difundir con un alcance mayor (en distancias) nuestras opiniones, reflexiones e ideas. Y en el caso particular de cada uno de nosotros, acceder a un sin numero de conocimientos e informaciones que han cultivado nuestras propuestas y también incluso nuestras ideas políticas. Lo que si se pretende es develar algunos prejuicios sobre su efectividad y alcance, demostrando que somos un grupo privilegiado el que accede a estos beneficios y, por cierto, muy restringido.
Cuando pensamos en difundir una idea o abrir un canal de diálogo y debate, por lo general como medio de comunicación pensamos en que este debe ser de fácil acceso para quien lo busque o esté dispuesto a escucharlo/leerlo/verlo, si lo primero no se logra, difícilmente vamos a lograr generar el debate, y nos quedaremos entre los de siempre (nuestros círculos de afinidad). Pero si uno lo que busca es generar una confrontación de ideas que pueda ir más allá de los conocidos y llegar a esos espacios donde hay gente dispuesta a escuchar y conocer otras realidades, aunque no piense igual que nosotrxs, debe cambiar el rumbo: Internet no da cabida a aquel proyecto, en definitiva “Nos queda chico”.
